Postales de la Habana (Primera parte)

“…La Habana, ciudad de contrastes. En ella conviven armónicamente pasado, presente y futuro. En algunos momentos nos parece que el tiempo se hubiera detenido y entráramos a protagonizar una obra de teatro, una película, o una novela de Carpentier…”

Así comienza el texto que mi amigo venezolano José Félix Vivas escribió para acompañar mi ensayo fotográfico “Postales de La Habana”.

Y si, contrasta y mucho. La alegría de su gente, que te hace sentir como en casa, sus “epa compañero”, “como está compañero” a cada paso, sus “viva el che” si eres argentino, o “viva chavez” si eres venezolano – es que ellos quieren quedar bien con todos-, algún pedido de algunas monedas, o venderte el periódico “El Granma”, con las casas humildes, las necesidades, la historia y nuestras propias ideas preconcebidas al llegar.

Las sonrisas por doquier. El malecón que se extiende casi infinitamente a lo largo de la ciudad, ese malecón que por las noches recibe las visitas de algunos músicos con sus guitarras en busca de algunas monedas para el ron, o de alguna que otra jinetera. Ese malecón que invita a caminarlo cada día.

El  azul del mar caribe, el sol al atardecer,  las casas frente al mar que se sostienen vaya a saber cómo, los autos antiguos mezclados con algunos autos de origen ruso, los cocotaxis y los peugeot para los taxis de turistas.

El contraste entre los hoteles de cadenas internacionales en la zona del vedado, con otros hoteles viejos que son el testimonio de una época de fulgor en Cuba, esos hoteles  que al entrar se escuchan los ecos de casinos, mafias y dinero por doquier y, por qué no, algún eco de la revolución.

Al caminar por la ciudad llegan a la mente y a los oídos los poemas de Martí, de Nicolás Guillén. El son de Ibrahim Ferrer o  de Compay Segundo. Los poemas hechos canción de Silvio y de Pablo.

Al llegar no nos recibieron muy bien. Muchos controles en el aeropuerto. Como yo llevaba una sola mochila de mano (íbamos a estar 5 días) desconfiaban de que solo lleve eso como equipaje.

Luego de demorarme un buen rato decidieron revisar mi bolso. Me puse a conversar con el encargado de dicha misión preguntándole como era la vida allí, finalmente con sólo comentarle que era fotógrafo y que venía a recorrer un poco, luego de un par de chistes, me dejó seguir camino.

Algo  curioso fue que te dan como una especie de visa, sólo eso te sellan, no el pasaporte, quizás es para evitar que luego a los visitantes les hagan problema en otros países. Lo cierto es que salí de Caracas un 4 de Febrero y volví 5 días después, el sello es de salida y de entrada de Venezuela pero sin ningún ingreso a otro país, al parecer pasé 5 días en la dimensión desconocida.

Llegamos al Hotel Riviera, habitaciones enormes, un hotel viejo, que seguramente en los años 30 a los 50 fue un hotel de lujo. Prácticamente podías jugar moviendo las camas de un lugar al otro, cual rompecabezas, las dimensiones eran enormes y la vista al malecón.

El desayuno era Buffet, lo mismo que la cena, pero allí todo lo que se come es frito. Cochino frito, pescado frito, todo frito. Hay que tener cuidado, si no estas acostumbrado, la comida te puede robar un día.

Mas tarde recorrimos la ciudad. Primero un City tour para tener un panorama general: la Plaza de La Revolución, las fábricas de Ron, el Palacio y museo de la Revolución, el Malecón, el Nacional, la Plaza de la Catedral, el Palacio municipal, la Floridita, el Teatro Federico García Lorca, La Bodeguita del Medio…

Luego, a pie, la mejor manera de recorrer cualquier ciudad o pueblo que visitemos. Viendo a la gente, conversando con ella, escuchándola. Las ancianas vendiendo esos habanos gigantes, la gente en las puertas, o asomadas por las ventanas…

Las casas de dos o tres pisos de color pastel con arcos, pórticos y aberturas largos y estrechos son el testimonio de la historia edilicia  de la ciudad.

Llevé la cámara colgada del cuello en todo momento.  Mas allá de las recomendaciones de mi amigo por guardarla. Es que aquí no te sentías inseguro!.

Al estar listo, cámara en mano, puedes capturar momentos únicos, como ese en el cual una mujer mayor venía caminando hacia nosotros  desde el malecón camino  al centro de la ciudad, tropezando y haciendo equilibrio, avanzando y cada tanto apoyándose en la pared.

Alguna pena de amor ahogada en ron?

Continuará…

Más Postales de La Habana aquí:

http://www.javiercastillofotografo.com/esp/habana/postales-de-la-habana.html

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2 comentarios en “Postales de la Habana (Primera parte)

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