Las Cantinas de la Boca y el Bar de Don Francisco. (Buenos Aires)

 

Las Cantinas de la Boca y el Bar de Don Francisco.

Luego de varios post sobre el caribe, hacemos una pausa, volvemos a territorio porteño y escribo sobre una anécdota muy particular.

La Boca, llamado así por la boca del Riachuelo, en los comienzos de la historia de la Ciudad de Buenos Aires fue el primer puerto. En este Barrio del Sureste de la ciudad se congregaban barcos y trabajadores, la mayoría inmigrantes, generando un febril movimiento diario, éste que, años después, pintara fantásticamente Quiquela Martín.

“3 Amigos”, “Il Píccolo Vapore”, “El obrero”, entre otras Cantinas, fueron en un comienzo lugares donde se recibían a los trabajadores del puerto y, por unas pocas monedas, se brindaba un suculento almuerzo criollo –pucheros, locros o guisos- para recuperar fuerzas y continuar la ardua labor.

Este olvidado rincón de la ciudad -cuya espina dorsal era la calle Necochea- teñido por la nostalgia de los italianos recién venidos, el azul y oro del Club  Boca Juniors y el nada fragante Riachuelo fue el hogar de las distintas cantinas. Algunas de ellas hoy siguen subsistiendo.

En la esquina de Necochea y Brandsen perdura una particular. Don Francisco es su dueño.

Una vieja puerta de madera  de dos hojas, descolorida y entreabierta espera a quienes se animen a entrar. Hay dos  viejos tomando una cerveza y conversando pegados a una ventana. La luz es poca, tenue. La barra es de madera tallada y torcida. Sobre ella hay  un sifón de soda, un par de tazas sin limpiar, unas medialunas secas al lado de un exhibidor vacío.

No había botellas en la pared detrás  de la barra, sólo una ginebra, algunos vasos y unos estantes.

En  una pared hay  un almanaque con una foto de una rubia curvilínea y voluptuosa pegado a la de un perrito blanco con un moño. Al lado, la caja de los fusibles y un viejo cartel con la lista de precios,  esos con borde de aluminio, fondo negro donde se escribe  clavando las letras de plástico negras.

Al pedir el café, Don Francisco aclaró: “Para comer no tengo  nada”, lógico, eran las 6 de la tarde.

Trajo el café en una taza grande, lisa y de color blanco. En realidad sólo parte del café, el resto se chorreó consecuencia  del vaivén de la renguera del mozo

Don Francisco se esconde, no quiere salir en las fotos. Solo se puede robar  alguna foto a lo lejos pero se da cuenta y se va.

¿Es muy viejo el edificio?

“Este local tiene más de 100 años de antigüedad”

¿Hace cuanto está usted aquí?

“Hace mas de cincuenta años. Siempre acá…”

¿Y esto siempre fue un bar?

“Me han contado que fue prostíbulo, restaurante, bar, milonga. Desde que estoy yo es bar. Acá ya no viene nadie, esto murió en los 80, de ahí en adelante nada”

Ya en el siglo XX, las cantinas de La Boca, convocaron  a multitudes durante los sesenta y los setenta.  Luego del declive volvieron a colocarse, hacia finales de la década del 90,  al tope de las preferencias de la gente a la hora de organizar celebraciones familiares, despedidas de soltero, aniversarios y otros festejos. Y cotidianamente se veían a las personalidades mas conocidas del deporte, cine, teatro y farándula cenando en estos lugares. Si bien se había reactivado la actividad, los visitantes eran otros.

¿Le quisieron alquilar alguna vez el local?

“Cada tanto vienen a filmar películas, ya van varias, algunos son muy pijoteros para pagar. Cuando son unas horas no pasa nada, pero cuando es día completo le digo a los muchachos que vienen siempre que hay película y que va a estar cerrado”

Detrás de la mesa de don francisco, hay  un mural totalmente deteriorado. Todo descolorido, algunas siluetas se pierden.

El mural de la pared,¿de cuando es?

“Lo hizo un artista en 1963 aproximadamente, él se ofreció a pintarlo  a cambio de que le paguemos las pinturas”

-¿Y hay movimiento don Francisco?

“No, ya no. Antes se podía. Nos quedábamos hasta que la gente se iba. Quizás cerrabas a las 10 de la noche, o a las 3 de la mañana, o al otro día. A veces nos quedábamos jugando al truco con los muchachos. Pero ahora no se puede. Ahora a las 6 y media se va el oficial en la esquina y esto es tierra de nadie. Acá me entraron a robar a mano armada no menos de 6 veces, ya no se puede, no es lo que era antes”

Se iba yendo la tarde. Los dos viejos seguían hablando pegados a la ventana. La cerveza estaba aún allí, en su mesa de madera desgastada por el tiempo,  parecía como si para ellos no existiese nadie más. La luz iba menguando pero seguía –a través de la ventana- iluminándole la cara al más viejo de los dos, al  verborrágico de ellos, ese que no paraba de hablar y gesticular mientras el otro, silenciosamente, sólo escuchaba o parecía escuchar.

Las paredes descascaradas del bar, huellas del  inclemente paso del tiempo, y los baldosones del piso, descoloridos y gastados, contaban historias y, acompañado por las palabras de Don Francisco, remontaban inevitablemente a ese Bar de otros tiempos.

Así venían  a la mente las imágenes de las mesas, la gente sentada en ellas, el eco de los ruidos de los vasos de vidrio y las botellas y las tazas de café, y los gritos de “truco”, “envido”,quiero retruco!” de los muchachos que jugaban hasta el amanecer y el bullicio de las charlas, las risas y discusiones de las otras mesas.

¿Se acercó alguna vez  desde el gobierno de la ciudad para ofrecerle alguna ayuda dentro de la comisión de Bares y Cafés notables?

“Nooo, acá vinieron alguna vez, pero de entrada les dije: Muchachos acá no hay plata!…y no vinieron mas”.

Recordando minutos antes cuando intenté fotografiarlo y cómo se alejó, le pregunté:

¿No  le gusta salir en fotos verdad?

“No, yo no soy artista, ya a esta altura de mi vida para qué voy a salir en fotos?. Una vez vino un muchacho con un gringo y me dijo que quería hacer unas fotos. Me dijo que me iban a dar 100 pesos… y ahí le dije por 100 pesos decime como me pongo??!!”

¿Y nunca más salió en una?

“Sólo en las que salieron en el libro que muestra cafés notables, no sé si lo vieron. En algunas estoy en la barra o por ahí, pero no, no me gusta”.

 

En la despedida, era el último intento:

¿Puedo hacerle un retrato?

“Otro día, cuando haya 100 pesos”

 

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© Javier Castillo 2012 – Todos Los Derechos Reservados – Prohibida su reproducción total o parcial

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