CANAIMA, EL MUNDO PERDIDO PARTE III “LOS PEMONES”

CANAIMA GENTE LAGUNA_

Luego del vuelo almorzamos a Salto Ángel, por la tarde salimos a caminar y recorrer la zona. Canaima está habitada por los  Pemones, estos nativos son originarios de estas tierras y pertenecen a  la familia de los “caribes”. La mayor parte de ellos ocupa las áreas de la sabana y sólo una pequeña fracción reside en las zonas boscosas.

La ocupación por parte de los pemones de la tierra que hoy habitan hasta donde se sabe, reside en el área desde antes de la llegada de los primeros misioneros españoles al sur del Estado Bolívar en el siglo XVII (Thomas, 1980). Asentados actualmente en pequeños poblados permanentes de 100 a 1000 personas, dependen para su subsistencia de la cacería, pesca, agricultura de conucos, recolección y más recientemente del turismo y la minería a pequeña escala. Parece que la ocupación de los ríos Oris y Bajo Paragua tuvo lugar a principios de este siglo, mientras de la ocupación de los ríos Karúm y Antabari fue durante el siglo XVIII.

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A lo largo del siglo XVIII, los contactos entre los españoles y los pemones, especialmente en la cuenca del río Paragua, eran intermitentes y muchas veces violentos. También había enfrentamientos armados entre las tribus vecinas, pero enfrentamientos siempre para defender su soberanía contra los verdaderos enemigos, los extranjeros. La violencia cesó para comienzos del siglo XIX. Hoy en día no existe entre los pemones estructura alguna que indique que permanece algún tipo de organización guerrerista.

 

Con respecto a su estructura social, son un grupo de fuertes tradiciones habitacionales. La tribu está constituida por pequeños grupos de vecinos. Hay un capitán (teberu) (o cacique de un sentido muy relajado), líder local con poderes muy limitados. Se le considera como una persona más pero algo destacada. Arbitra las escasas diferencias que pueden surgir entre los habitantes del asentamiento; representa a la tribu en las negociaciones con otras o con los criollos. En sus arbitrios aconseja, pero no determina cuál debería ser la solución. Todo esto refleja que la naturaleza social pemona es altamente democrática, equitativa y muy cooperativista. Hoy en día se han perdido todos los ritos relativos al ciclo vital (nacimiento, pubertad y muerte), siendo el “bautismo” la única forma de gran celebración ritual. El matrimonio es la clave de la organización social del pemón. Generalmente se realiza entre personas de edad muy similares (no más de cinco años de diferencia), donde el hombre es usualmente mayor.

CANAIMA GENTE CANOA LEMONADE

En estos tiempos de globalización, se han adaptado al turismo trabajando ya sea como personal gastronómico u hotelero, o bien como guías y acompañantes para las travesías y excursiones.

Los pemones tienen una tradición mitológica muy rica que continúa hasta el día de hoy, pese a la conversión de muchos pemones al catolicismo o protestantismo.

Encontramos una construcción la que pensamos que es una especie de iglesia, espacios de recreación, algún pequeño bar para los habitantes locales y no mucho más.

Las calles son todas de tierra, y en la medida que nos acercamos a la Laguna de Canaima empezamos a caminar entre las casas de los habitantes dejando atrás los alojamientos. En general mantienen sus tradicionales  casas circulares o rectangulares, de techo de paja y paredes de adobe o barrotes de madera.

Sólo hay algunos complejos habitacionales preparados para turistas a la orilla de la laguna.

La laguna apareció ante nosotros. La arena  blanca tenia un tinte rosado debido al cuarzo que contiene. Una fila de palmeras estaba situada mas allá de la playa ya dentro del agua, de fondo el salto “el sapo” nos recibió, aunque con poco caudal de agua.

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Una lavandera con un gran balde naranja lavaba la ropa bajo el sol. El agua de la laguna era de un color rojizo oscuro, debido a la cantidad de sedimentos minerales arrastrados por el río Carrao.

Regresamos, cenamos y nos fuimos a dormir.

Al otro día salimos de caminata por los alrededores. Hacía mucho calor, el sol estaba radiante y alto en el cielo. Recorrimos los saltos casi secos, tan secos que caminábamos por donde en otro momento el agua nos arrastraría hacia el acantilado.  Luego pudimos pasar por debajo del salto “el sapo”. Una cortina de agua nos tapaba la visión y caminábamos entre las rocas húmedas de lado a lado de la cascada. Era como estar en una película de aventuras, atravesamos –cuidándonos de no resbalar entre las piedras mojadas-  la cascada desde el interior

Canaima 008                              Uno de los turistas amigos que hicimos en el lugar, posando para la foto.

Luego recorrimos río arriba parte de la selva hasta el lugar desde donde salen las expediciones río arriba hacia el Salto,  pero las noticias no eran buenas, se habían cerrado todas las posibilidades de hacer la excursión hasta que no vuelva la época de lluvias.

Volvimos a la laguna, nos juntamos con parte del grupo, un portugués, un noruego, varios norteamericanos, un español con el que más pudimos conversar, entonces todos aprovechamos a refrescarnos en sus aguas para luego descansar al sol en la pequeña isla Anatole´s. El sol había bajado un poco, el atardecer estaba por llegar, estábamos en el paraíso.

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Mas tarde tuve una experiencia muy particular. Los jóvenes pemones jugaban al fútbol  sobre los manchones de arena que se aparecían entre las partes bajas de la laguna. Pregunté si podía jugar y me dejaron participar del partido. Una experiencia increíble y que de alguna manera me permitió distenderme y compensar, en parte, el no haber podido hacer la excursión remontando el río.

Las mirada de los chicos mas curiosos al verme jugando, las risas cuando me patinaba y caía al piso, o cuando el agua salpicaba hacia todas partes al patear el balón. Fue volver a la niñez.

Luego del partido aproveché para hacer algunos retratos fotográficos de los chicos, una pequeña estaba arrodillada en el agua mirándome fijamente, fue un encuentro emocionante, jamás  bajó la mirada y pienso que en algún momento me incomodó más a mí que a ella tomar la fotografía.

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Es que uno es fotógrafo y está acostumbrado, es el trabajo, pero de alguna manera uno está invadiendo su lugar en el mundo.

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Volvimos para cenar, caminamos un poco para disfrutar la última noche en Canaima, para ver el cielo estrellado en medio de la selva.  Más tarde nos fuimos  a dormir.

Al día siguiente regresamos en la avioneta  a Ciudad Bolívar, recogimos el auto e iniciamos  un nuevo camino.

El no haber podido hacer la excursión nos hizo cambiar los planes, pero a la vez darnos más dias y poder así recorrer ahora la Gran Sabana, en auto.

panoramica CANAIMAAhora recorreremos el Mundo Perdido desde la tierra, pero esa es otra historia.

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